AVISO A LOS SAQUEADORES: CÁMARA DE VIGILANCIA

Atahualpa Yupanqui-Margort Palomino-Martina Portocarrero-Manuelcha Prado

"hay hermanos muchísimo que hacer".

César Vallejo, el poeta de la ternura infinita.
Mostrando entradas con la etiqueta DERECHOS HUMANOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DERECHOS HUMANOS. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de julio de 2012

EL ESTADO BURGUÉS PERUANO SIGUE ENCUBRIENDO AL GENOCIDA ÁLAN GARCÍA(PRÓFUGO CONTUMÁS) Y A SU BANDA DE ASESINOS MILITARES Y CIVILES CASO DE EL FRONTÓN http://criticaabiertaperu.blogspot.com/ http://3.bp.blogspot.com/_J_6mIH7- eMw/SqB67OsUCFI/AAAAAAAABPQ/3f9t15YRq0c/s1600/inf2.jpg https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiQGscOuC6PZymEx4mGmy20O-tyQVYJbh9Yx0sgSuSCzY79rrEhaYci4FjOZ5vOczcX5iDVM_NvQdnOa-d12XW905IBD3KOwa3m9x5pY7KpNGSBFNrlk5ghZoir4etg77W1B-0GU68a494/s1600/inf2.jpg
Rolando, de 46 años, estudiante de arqueología, actualmente en el exilio, narró su verdad. No sabemos los sentimientos encontrados que tiene por su vida política e ideológica; sin embargo, podemos notar la desolación en su resquebrajada voz y después de una breve plática, a modo de introducción, no espera la pregunta y empieza su relato… “El 2 de diciembre de 1981 fui intervenido en mi domicilio por la Policía Técnica, lo que anteriormente se llamaba PIP, acusado de ser miembro de Sendero Luminoso, por lo tanto terrorista, y fui llevado a sus instalaciones donde me tuvieron detenido quince días. Durante ese tiempo, me golpeaban en la nuca y en la boca del estómago, obligándome a aceptar todo tipo de culpabilidad en el accionar sedicioso y mencionando apelativos de sujetos desconocidos para mí. Ante mi negativa, me pasaban electricidad por mis genitales. Después me llevaron al penal de Qenqoro, donde me torturaron durante los meses que me mantuvieron ahí hasta ser trasladado al penal de El Frontón, en el que pasé cuatro años encerrado hasta que pasó lo que pasó con la Marina. Cuando me acuerdo siento punzadas en mis piernas torturadas”.- Usted fue específicamente detenido por terrorismo. ¿Hubo una investigación profunda que contara con pruebas de su participación en esa organización, o sólo fueron indicios?- Pues me acusaron de pertenecer a Sendero Luminoso, sin que existan pruebas de ello. Nunca, jamás tuve participación en esa organización, pero era mi palabra contra la de la policía y lo que ellos decían era así y nadie podía contradecirlos. En la cárcel de Qenqoro estuve hasta noviembre del año 1982, cuando me trasladan con otros presos en un búfalo de la FAP, respondiendo esto al plan de concentración del gobierno de Fernando Belaunde. Es decir, todos los que estábamos presos acusados de ser terroristas deberíamos ser trasladados a nivel nacional al penal de El Frontón. El 14 de noviembre llegué a la carceleta judicial y el 20 me llevan al penal, ingresando al pabellón Azul, previa golpiza… éramos 30 presos acusados de terrorismo y no sólo nosotros fuimos víctimas de abuso, también nuestros familiares. Sabe, organizaban planes de aniquilamiento en nuestro pabellón, primero aparecieron dos presos envenenados, luego dos con disparos de balas hechos por los guardias republicanos y diversos heridos… y eso no es imaginación como argumentaron en su defensa los implicados, todo lo que le digo consta en las fichas forenses y las denuncias hechas por presos y familiares. Como denunciábamos todos estos abusos llegaron hasta el punto de recortarnos el agua durante seis meses, ¿sabe Ud. lo que eso significa para gente que vive en condiciones denigrantes?, sin embargo lo aguantamos. Entonces pasaron a recortarnos la visita y hostigar a nuestros familiares, eso significaba recortar los alimentos que nos traían y que preparábamos nosotros mismos aunque sea solo camote y ají amarillo, porque los republicanos solo nos daban cebo con agua. El 4 de octubre de 1985 se suscita la matanza en Lurigancho donde mueren quemados 35 presos en el Pabellón Británico. Como duró todo el día el asalto a ese penal, ya no tuvieron tiempo para ir al Frontón, además de que la opinión pública estaba al tanto de lo que sucedía y no querían complicarse con otro asalto. Nunca cesaron los hostigamientos a nuestros familiares y lo peor fue que la Republicana permitió el ingreso de gente de inteligencia de la Marina, que cometieron torturas con los presos, incluso dos de ellos perdieron la vida y lo pasaron como que murieron en una reyerta.- Estas torturas ¿fueron denunciadas ante las autoridades?, ¿existe prueba de ello?- Mucho más que pruebas de hostigamiento, abusos y torturas, existen fichas forenses de los muertos. Por todo esto presentamos denuncias, Hábeas Corpus; sin embargo, nunca fueron aceptadas. Al contrario, argumentaban que sólo eran para llamar la atención.- ¿Cómo ocurre la incursión de la Marina en El Frontón?- Los días 18 y 19 de junio de 1986, justo cuando se efectuaba un congreso en Lima de la ­nternacional Socialista, los presos del pabellón azul buscaban el cese de las torturas, amenazas y una investigación respecto a la masacre de Lurigancho, porque se conoció que la Internacional se había comprometido con Alan García para intervenir los tres penales, Santa Bárbara, Frontón y Lurigancho, en una lucha conjunta por la defensa de la vida de los presos políticos. Ya con el antecedente del 85 y la negativa de las autoridades, los presos del pabellón Azul, con la finalidad de ser escuchados, tomamos tres republicanos de rehenes y nos encerramos todo el medio día, hasta que llegó la Comisión de Paz, que con un megáfono trataba de disuadir los reclamos y pedían que nos rindamos. Todos estábamos en el interior del pabellón y, a pesar de la seguridad, logramos entregar un documento con once puntos y solicitamos la presencia de abogados y periodistas como veedores de las negociaciones. Pero mientras nos mantenían entretenidos con las negociaciones, la Marina de Guerra estaba trayendo en helicópteros tropas que las bajaban en medio del cerro, en la canchita de fútbol, y bajaban los oficiales camuflados con chalecos antibalas y luego los de la FOES. Cuando ya habían terminado de bajar los de la Marina, la Comisión de Paz se retiró diciéndonos que analizarían nuestros reclamos y comprometiéndose en la defensa al derecho de vida. Ahí nos dimos cuenta de lo que se nos venía encima. Tarde fue nuestra reacción. A las 5.30 p.m. aproximadamente ya la Marina se encontraba dentro del penal, habían ingresado por los baños, algunos presos corrían desesperados buscando en vano ocultarse en algún lugar que los proteja de las balas, otros se arrodillaban en las esquinas y lloraban como niños desvalidos, no faltó uno por ahí que con gritos y lisuras quiso imponer dureza ante lo que se avecinaba, mientras que yo que me encontraba apostado en una ventana cuya visión daba a los baños, miraba atontado como los marinos preparaban y elevaban sus FAL. Casi a las 6.00 p.m. un compañero conocido como Tulich Morales apretaba sus manos en los barrotes de las ventanas mientras gritaba desesperado pidiendo que no nos mataran… fue el primero en caer con los primeros disparos, ocho balas le cercenaron la mano y le quitaron los gritos de auxilio de su boca, a pocos metros cayó otro preso. No sabíamos donde correr, tratábamos de protegernos con lo que podíamos y detrás de las paredes, así siguieron los disparos hasta las 8.00 p.m. No sé como nadie se alocó con la desesperación, cuando pensamos que los disparos habían cesado un ruido fuerte nos hizo saltar en simultáneo porque vimos como voló la parte posterior del pabellón abriéndose un boquete que permitió que el segundo piso se viniera abajo aplastando cuatro presos, y los que cayeron del piso de arriba con la explosión, unos se metieron abajo y otros salvaron en la rampa hecha con el techo caído. Los que quedaron arriba corrieron a los baños para protegerse, mientras los marinos se ponían en línea y empezaban a disparar, algunos presos defienden la parte del boquete lanzando restos de ladrillos, mientras que otros traían cilindros de agua y catres para bloquear la parte caída del techo; el pabellón parecía vacío y los marinos empezaron a rampar en su afán de tomarlo y para eso iluminaron el interior apuntando con sus fal, yo me encontraba escondido con otros cinco detrás de una pared, pudimos ver a Mantilla parado en el tanque de agua, protegido con un chaleco antibalas de color mostaza, cafarena color ocre y su casco color del chaleco, pero no solo lo vi yo, también lo vieron los demás presos porque empezaron a gritar que ahí está Mantilla (Agustín) y lo insultaban, llamándolo “asesino”. A las 10.00 p.m los marinos, impotentes por no poder tomar el pabellón, lanzaron gases hacia el segundo piso donde estaban los presos en los baños y la cocina. Todo se llenó de gas y aprovecharon los de la Marina para subir por la rampa y apostarse en espera que los compañeros salgan a retomar el pabellón una vez disipado el gas; cuando salen de los baños y la cocina los esperaba una ráfaga de balas donde caen siete. Los demás prefieren retroceder y quedarse ahí, luego la Marina baja la rampa para seguir atacando el primer piso, donde nuestros compañeros muertos nos sirvieron de escudos, no sé cuantos murieron, solo los veía regados en el piso, unos con la cabeza reventada y otros hasta desfigurados por la balas. A lo lejos entre disparo y disparo a órdenes del jefe de esta acción, Luis Giampietri, las paredes del pabellón Azul fueron voladas con lanzacohetes y se hizo un boquete con la explosión donde mueren tres presos más. A esos sí los vi caer, porque entre ellos estaba mi coacusado Óscar Chullunqui Prada, con el cráneo destrozado en el lado derecho. Por el boquete abierto en la pared meten un cañón y comienzan a disparar al techo de la cocina del segundo piso, donde ya estábamos hacinados la gran mayoría. La balacera fue hasta las 3.00 de la madrugada, hora en que hacen el relevo de Luis Giampietri a (Juan) Vega Llona. En ese lapso siguen disparando con el cañón y logran hacer un forado en el techo, la desesperación hizo que abriéramos un boquete por la pared de la cocina que da al pasadizo, pero antes de que logremos pasar al otro lado un disparo de cañón entró y mató a ocho. Yo y otros presos solo nos tiramos al suelo. Después quisimos pasar, pero el cuerpo destrozado de un joven puneño de sólo 17 años -¿se da cuenta? solo tenía 17 años y estaba preso por que dicen era terrorista-, impedía el ingreso por el boquete por lo cual lo jalamos para poder entrar, al no conseguirlo un grupo de quince presos aproximadamente intentaron retomar la cocina pero se encontraron en la puerta con las balas asesinas que los mataron a mansalva. Para ese momento ya habían cercado todo el pabellón Azul y disparaban a matar hacia la cocina donde nos replegamos casi todos. - ¿Durante toda la balacera estuvieron presentes Agustín Mantilla y Luis Giampietri?- Claro, a Mantilla no sólo lo vi yo, lo vieron todos los presos, protegido con chaleco y escoltado por algunos marinos en el tanque de agua. Y a Giampietri también, luego le narro cómo. Las horas se nos hacían interminables, cada disparo era un segundo menos de vida que nos quedaba y también un preso menos. Entre las 6.00 y 11.00 de la mañana, como consigna de culminación y bajo la órdenes de recuperar el principio de autoridad en el penal a como dé lugar y sin importar las consecuencias, los FOES se subieron al techo e hicieron un forado, para lanzar a mansalva granadas, eso fue lo último, unos murieron y otros caímos heridos, yo tenia la pantorrilla derecha completamente destrozada, luxaciones en los brazos y golpes fuertes en mi cuerpo. Como pude me quité el pasador del zapato y me hice un torniquete para parar la hemorragia. Las granadas, unas tras otras, seguían invadiendo el pabellón, y también unos tras otros seguían cayendo presos destrozados, yo me cobijé debajo de mis compañeros muertos y así rampé hasta buscar un lugar donde protegerme. Una granada explotó en la puerta y las esquirlas se incrustaron en mi espalda mientras que a otro compañero una madera grande se le incrustó en su pulmón. El dolor era insoportable pero no quería gritar para evitar que me escucharan y me dispararan, luego se me nubló la visión, me senté y perdí el conocimiento. Cuando desperté ya era casi la 1.00 de la tarde, porque otro preso llamado Nelson me echó agua desesperadamente, me sentía débil había perdido sangre a pesar de estar con torniquete, tenia sed y el compañero me ayudo a beber agua, me dijo que algunos habían logrado salvarse y que estaban echando agua a todos los cadáveres para que no fueran quemados, porque los compañeros del primer piso habían sido rematados. A los pocos minutos apareció el delegado del pabellón, era un trujillano que estaba buscando sobrevivientes, me dijo que saldríamos directo a enfermería y le dijo a Nelson que me ayude. No sabe, salimos por encima de los cadáveres destrozados, se me hizo difícil pasar el boquete del primer piso, por lo que empecé a arrastrarme siendo visto por un soldado, que me ordenó echarme de bruces, pero no podía por las esquirlas de la espalda, acercándose otro oficial que me puso el pie en el pecho obligándome a obedecer en medio de gritos de dolor y punzadas en la espalda, me volteé de costado y el oficial me cogió por los cabellos y me levantó la cabeza mirándome y diciendo: “se nos adelantaron porque este trabajo era para nosotros”. Todos los que logramos sobrevivir del segundo piso salimos, menos el trujillano que después apareció decapitado y sin corazón. Mientras salíamos éramos apuntados y uno fue rematado porque intentó correr hacia el medio del patio, nos arrastramos hasta la pared de prevención y los marinos empezaron a separar a los presos que iba señalando un “soplón” y llevados atrás del pabellón, hacia los unipersonales que daban a la playa donde fueron asesinados de cinco en cinco. Yo también fui desvestido y casi iba a ser asesinado, pero el “soplón” que estaba con pasamontañas se retractó y dijo “no jefe, él no es” y así como yo a los 37 que no fuimos ajusticiados nos trasladaron a prevención, aislándonos, prohibiéndonos las visitas y las entrevistas de los abogados, de la mentirosa Comisión de Paz, menos de la prensa. Todos los que sobrevivimos fuimos víctimas de torturas, unos cortados sus dedos, otros pasados con corrientes en las fosas nasales, yo fui hincado con un cuchillo en los genitales, aún tengo las huellas, mientras me retorcía en el suelo por el dolor en mis genitales, apareció Luis Giampietri y, como me encontraba a un costado de la puerta, empezó a patearme en la cara y en la cabeza, al ver mi espalda ensangrentada por las esquirlas también me propinó patadas en la zona. Cansado de patearme, me cogió de los cabellos y me golpeó la cabeza en las puerta que era de fierro, preguntándome mi nombre. Ante cada grito mío era una chancada en la puerta… no lo puedo olvidar, su rostro es inolvidable, como también lo son los cuerpos destrozados y mutilados de los presos del pabellón Azul, la desesperación de todos por salvar sus vidas ante las feroces embestidas de los marinos, que nos tenían cercados en el interior del pabellón. Si Giampietri no ordenó rematarnos fue porque gente del Inpe y algunos familiares declararon que había sobrevivientes y porque no tenían pruebas de que todos eran terroristas. Nunca fui terrorista, la Comisión de la Verdad y Reconciliación me dio la razón. Hoy estoy lejos de mi país, de mi familia, solo y protegiendo mi vida y mi testimonio, que debelará la responsabilidad de quien hoy es el gran vicepresidente del Perú. Consternados y sorprendidos ante el testimonio de Rolando Echarry, no encuentro frases para concluir este artículo, ni mucho menos para calificar los hechos producidos, por lo tanto, amigo lector, que el Perú entero y la justicia divina juzguen y castiguen a los responsables. No podemos exigir que se cumpla con las leyes de la justicia peruana, cuando la tomamos con nuestras propias manos. PUBLICADO POR CRÍTICA ABIERTA EN 7:15 PM SIN COMENTARIOS:

martes, 10 de enero de 2012


Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doctora en Literatura por la Universidad de Boston. Ganó el Premio Copé de poesía con su poemario Ese oficio no me gusta (1990). Otras publicaciones: Mariposa negra (1993), Condenado amor y otros poemas (1995) y Turbulencias (2006). En 1994 publica su libro de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es periodista y docente universitaria. Además es presidenta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.


Últimos artículos2012.01.08 El odio al limeño

2012.01.01 Barrio de broncas

2011.12.25 Un vínculo sobrenatural

2011.12.18 Las malas injusticias

2011.12.11 Plan piloto



El odio al limeño


Por: Rocío Silva Santisteban


“Míralos”, me dijo el ingeniero ayacuchano mientras caminábamos por la Plaza de Armas, “vienen con sus camionetas 4x4, su jean, su polo blanco, sus lentes de sol, se sientan en las bancas de la plaza con los brazos sobre el respaldar, creídos, arrogantes, desafiantes, y nos miran como si fueran los conquistadores”. Esa era la descripción que hacía un ayacuchano de un limeño hace más o menos seis años. No de cualquier limeño, sino de aquellos, ya sean turistas o ingenieros mineros u operarios de grandes empresas, que se perciben a sí mismos como los dueños del Perú y que andan por un lado u otro sin ver siquiera con una mirada nítida al otro provinciano que, en múltiples oportunidades, los saluda sin esperar nada. Y, por supuesto, muchas veces ni siquiera recibe un saludo de vuelta. Los limeños o limeñas que se mueven por diversas razones a las tantas ciudades del Perú, y a los que no les importa más que su diferencia sin interesarse en la cultura local, están creando un odio al limeño que se encarama sobre cientos de años de centralismo sedimentado por resentimientos mutuos.

El crecimiento económico centralizado en Lima y en las grandes capitales como Arequipa o Trujillo ha producido un consumismo que, por momentos, es vergonzoso y estúpido. Pero sobre todo ha planteado nuevas brechas que separan a los que pueden consumir de los que no pueden ni pensar en hacerlo. Los que no piensan siquiera en eso generalmente son los pobres rurales, de la sierra o zonas como Ucayali o Madre de Dios, que ni por asomo pueden tener acceso a ese consumo, y que muchas veces tampoco les interesa, pues sus vidas están centradas en otras formas de entender el mundo. Por eso, esa mirada que centra el desarrollo en el florecimiento de “malls” en provincias es una mirada básicamente urbana de capas altas. O en el boom de los restaurantes de “concepto” en los cuales una pareja de jóvenes limeños, publicistas por ejemplo, pueden gastar en una sola cena lo que le pagan a su empleada del hogar durante un mes y sin seguro ni horas extras. O en la movilidad de los empresarios que cada año se pasean con el CADE a Cusco o con Perumin a Arequipa, con sus ternos y sus blackberries, copando restaurantes y lounges, pero sin ver siquiera la ansiedad local por esa supuesta posibilidad de progreso.

No debe sorprender, entonces, que durante el paro cajamarquino previo al estado de emergencia la reacción de la población local contra la prensa limeña haya sido tan agresiva y confrontacional: se tenía la percepción, creo que verdadera, de que los medios televisivos desde Lima presentaban a unos cajamarquinos rabiosos que seguían los dictámenes de cuatro radicales porque no sabían lo que les convenía. Infantilizados. Reducidos a ovejas. Prestos a ser tutoriados, como toda la vida lo fueron los subalternos en el Perú. Y la misma percepción fue con Puno, con Bagua, con Tambopata, con Espinar.

Las brechas entre el sentir de las provincias frente a la arrogancia limeña se ensanchan y profundizan como el Cañón del Colca: dividiendo con un tajo hondo a los de un lado y del otro que, sin embargo, se miran de reojo… y se desprecian mutuamente.

http://www.larepublica.pe/columnistas/kolumna-okupa/el-odio-al-limeno-08-01-2012

jueves, 1 de septiembre de 2011

KAUSA JUSTA


 
  IPRODES. Av.Hipólito Unanue 379
–
Callao.Comunicarse con: 988330412
 Lima, 1 de septiembre de 2011
Sr. Ollanta Humala Tasso
Presidente de la República del Perú
    De       e mi consideración. 

Esta comunicación tiene por objeto demandar a su gobierno un deslinde categórico respecto de lapropuesta del actual miembro de su Gabinete, el Sr. Ministro de Defensa Daniel Mora, de buscar
 punto final” a la investigación de violaciones de derechos humanos cometidas  por militares en 
el periodo de violencia política.
Como usted conoce, las leyes de “punto final” o
amnistía vulneran las normas internacionales dederechos humanos y la obligación internacional del Estado peruano de juzgar y castigar a losautores de graves violaciones de los derechos humanos. Son una de las peores formas de renunciaa los valores de la Democracia por parte de las autoridades gubernamentales.
  
Estas normas no pretenden sino consagrar la impunidad de crímenes que ofenden a la humanidad,como desapariciones forzadas, ejecuciones, torturas, violaciones sexuales o masacres. La CorteInteramericana de Derechos Humanos se ha pronunciado claramente al respecto en su sentenciadel Caso Barrios Altos vs. Perú. 

Su partido llegó al poder enarbolando propuestas de inclusión y respeto de Derechos y Libertadesy se han realizado anuncios muy positivos al respecto, que han generado un clima de saludableexpectativa. Leyes de punto final no pueden ser coherentes con las políticas que han ofrecidoaplicar. De prosperar tales iniciativas, significarían la degradación moral y la pérdida de legitimidadde su administración, casi en su nacimiento. 

Esperamos una rápida rectificación, la separación del Sr. Mora del cargo de ministro de Estado, ypor el contrario, se cumplan las promesas electorales de hacer vinculantes las recomendacionesde la Comisión de la Verdad y Reconciliación. De ser otro el rumbo, los ciudadanos haremos uso denuestra libertad para expresar nuestro desacuerdo acudiendo a las instancias de justicia nacional einternacional que correspondan. 

Atentamente,
Ronald Gamarra
Equipo de Incidencia en DerechosIPRODES